bienvenido a la última puerta, más allá solo hay silencio

domingo, 26 de abril de 2020

Imagina un mundo sin miedo

A veces en este confinamiento encuentro trozos del pasado reciente, y los acaricio como algo lejano, hallazgos arqueológicos. El ticket del supermercado del día 9 de marzo, viandas para una cena en casa con amigos que no llegó a celebrarse. El del día 12, nuestra compra semanal, que es decir también la última vez que estuvimos juntos en las calles. 

Yendo algo más atrás encuentro un corte de video, un concierto tras el que ya no hubo otro, un encuentro misterioso con Ken Stringfellow. Esa noche estábamos cenando en el Bar Guillermo y él también, en la mesa de al lado. Los bares, ay, los bares. Fue el lunes 10 de febrero y (tengo que pensarlo para estar seguro) vivíamos felices y despreocupados. Wuhan era solo un sitio remoto del que nunca antes habíamos oído hablar y "virus" una palabra que combatíamos cada año con un paracetamol o un chato de vino.

Escucho las palabras premonitorias de Stringfellow aquella noche y me estremezco. Probablemente lo peor que nos puede suceder es el miedo global, dijo, ¿qué pasaría si el planeta entero tuviera miedo? Entonces no lo imaginábamos. Solo han pasado dos meses y ya lo sabemos.

Ken Stringfellow, Alicante, 10 febrero, 2020.
Si no puedes ver el video pincha el enlace https://youtu.be/Nj1GcLJu0j0



miércoles, 8 de abril de 2020

"Héroes"



La cajera del supermercado dio preferencia en la cola al muchacho vestido con un traje naranja, una deferencia con un héroe. Ella, la cajera, también lo es. Una mujer protestó, venía de una intensa mañana en la UCI, dijo. Esa mujer también es una heroína. La farmacéutica del barrio no dijo nada y esperó su turno. No está segura de ser una heroína, aunque todas las tardes su jefe la hace salir a las ocho a recibir el aplauso de los balcones. Ayer en un informativo sumaron a los basureros a la lista de héroes.

En la Mitología de Humbert, que mi abuelo Ismael compró en la Librería Pueyo de la calle Arenal en 1928, la categoría de héroe se reservaba para personajes como Hércules. Hoy no es necesario llevar a cabo proezas míticas. Ni siquiera acciones de excepcional valentía. Basta con cumplir con tu trabajo, exponerte al riesgo de esta pandemia sin saber qué naipe te ha reservado el azar: la inmunidad, la enfermedad o la muerte. Las motivaciones no cuentan, hay que hacerlo, sea por vocación, sea porque la alternativa es el desempleo.

Otros estamos confinados en nuestras casas y desde hace semanas la vida sigue igual, aunque menos igual que antes. Gracias a esas gentes sobrevivimos, podemos hacer la compra, retirar nuestras medicinas, tener la esperanza de que si la fiebre hace presa en nosotros alguien nos atenderá. Ellos nos hacen la vida soportable en el encierro porque son nuestros semejantes. No son héroes. Esta sociedad, que ha sustituido los personajes habituales del cine por superhéroes de ficción, necesita héroes para poder imaginar que la vida es una película.

David Bowie entrecomilló el título de su canción más conocida, aunque muchos no se hayan dado cuenta. Ese mismo año The Stranglers asaltaron las listas con su sencillo "No More Heroes". Si no nos damos cuenta de que el valor de las personas está encerrado en ellas mismas y no en palabras desgastadas inútilmente, tal vez sobrevivamos al virus pero no a nuestra propia inmadurez.


miércoles, 25 de marzo de 2020

Regreso al Vals de Frías

En este tiempo extraño en el que lo colectivo se impone a lo individual, en el que el mañana es solo una palabra, en el que necesitas creer en algo, en el que no todos los tuyos están a la distancia de un beso o un abrazo, me he despertado de regreso en Frías, he viajado a aquel primer fin de semana de julio. El Vals de Frías ha trascendido de lo que fue en los corazones de los que lo vivimos. El Vals es ya una metáfora de lo que queremos, de lo que soñamos. Y además,como siempre, queda la música.


Si no puedes ver el video pincha en  el enlace https://www.youtube.com/watch?v=yeTraH0jwpg

VIDEOS COMPLETOS EN https://www.youtube.com/playlist?list=PLeRE1LOi4PRqySl8-lefRNU9hS7wINVdo

lunes, 23 de marzo de 2020

El día más largo

El 18 de junio de 2017 fue, creía yo, el día más largo de mi vida. Empezó en Reykjavík y terminó en Seydisfjordur y no parecía tener fin. Creo que ese día nunca terminó, sigue conmigo, con nosotros. Pero ya no es el más largo. Otro día interminable le ha sustituido, y creo que nunca se irá. Seguirá conmigo, con nosotros, en la memoria eterna de quienes amanezcamos al día siguiente. La diferencia es que nosotros es una palabra que ahora significa millones.


El recorrido, y con él este día eterno, toca a su fin. Las calles están desiertas, somos dos sombras que se deslizan perezosamente en la corriente del tiempo, una blanca y otra negra, el color de nuestras chaquetas. Desde las ventanas de nuestra habitación en el Hotel Snaefell la luz del día tinta la medianoche. A lo lejos el agua salta por paredes verticales desde las cumbres.
(Diarios de Viaje. Juan J. Vicedo)





miércoles, 13 de noviembre de 2019

Gracias, Mr. Allen


Desde que vi Annie Hall en el antiguo cine Monumental -en un tiempo en el que él y yo y Diane Keaton éramos insolentemente jóvenes, yo bastante más (joven) que ellos- he sido más o menos fiel a Woody Allen, a su manera de hacer cine y de contar historias, esas que son siempre la misma desde hace cincuenta años aunque las vista con distintos personajes, escenarios variables, tramas diferentes. A estas alturas de mi vida la fidelidad es ya algo más, es devoción.

El miércoles volví a encontrarle en la oscuridad de una sala, prácticamente vacía. Esa noche me dormí con una extraña sensación de privilegio, el de coincidir en el tiempo con un artista único en su estilo (nadie antes, nadie después), prolífico hasta el punto de ofrecernos cada año una de sus obras. Woody Allen, como Bob Dylan, siempre ha estado ahí, mientras cambiaban los gobiernos y las modas, mientras nos casábamos, nos divorciábamos, mientras las tecnologías nos llevaban al presente. Otros desaparecían, se los llevaba la muerte, la sequía o el fin del mundo. Él no. Sigue ahí. No hace mucho dijo que no le importaba la posteridad, quizá consciente de que sus películas no van a perdurar más de lo que tarde en borrarse la generación que las sustentó, la nuestra. Siempre fue sabio, y tratar con sabios te hace menos tonto, esa ha sido nuestra suerte.

Viendo "Un día lluvioso en Nueva York" vuelve el genio insobornable del viejo Woody. Vuelve para hablarnos del vértigo del creador ante su obra (magnífico Liev Schreiber en esa montaña rusa de la duda), para desmontar la hipocresía moral y el pensamiento único (turbadora en su desenfado la escena en que la protagonista analiza las intenciones sexuales del personaje encarnado por Diego Luna), para hacer brillar a quien se pone en sus manos (incluso en el caso improbable de Selena Gomez), para escapar a las convenciones que nadie se atrevería a quebrantar (en la escena del piano con Timothée Chalamet y Selena Gomez es él y no ella quien canta).

"Un día lluvioso en Nueva York" ha estado a punto de ser la película que nunca veríamos. Incluso dos de sus jóvenes actores renegaron de su participación, ebrios de moralina. Pero ese último beso que se dieron en Central Park es ya parte del testamento del hombre tras la cámara, el que con su mirada octogenaria no se resistió a dejar de decirnos con ese final que la vida es la vida y el cine es otra cosa que se parece a la vida.


viernes, 12 de julio de 2019

Oh Yesterday came suddenly

Hacía año y medio que los Beatles habían anunciado el fin cuando los Reyes Magos me trajeron mi primer LP, el álbum rojo. ¡Qué emoción! dos docenas de canciones en un par de vinilos tan grandes que desbordaban la superficie de mi maletín tocadiscos, que hasta ese día solo había conocido singles. Todavía no había cumplido yo once años pero esa preciada posesión me acercaba al mundo de los adultos, algo que parecía corroborarse por el hecho de que pronto mi padre me dio permiso para escucharlo en su equipo. 

Hace unos días, en un cine casi vacío en el que solo siete personas habíamos pagado por ver la decepcionante película del otrora fiable Danny Boyle, escuché "Yesterday" como si fuera también para mi la primera vez, aquella en el piso familiar de las Carolinas Bajas hace cuarenta y ocho años. No la cantaba Mc Cartney pero no importaba, sentí de nuevo el mismo estremecimiento, una debilidad romántica, un irresistible abandono en el puro centro de la belleza. Solo por eso valió la pena.

Hora y media después, al encenderse las luces de la sala, quedó un poso de reflexiones y sentimientos. Sí, las canciones de los de Liverpool son quizá la colección más sublime del cancionero pop. Pero más de medio siglo después esas canciones están ahí por lo que supusieron para millones de personas. Si hubieran sido escritas hoy, muy posiblemente habrían tenido que costear sus discos ellos mismos. Lennon, McCartney y Harrison derrochaban talento como pocos pero eso no es bastante. Llegaron en un momento en el que se les necesitaba. Y fueron algo más que música, alzaron más alto y visible que nadie la bandera de la transformación de las costumbres. Hoy vivimos en un mundo distinto, gracias en parte a ellos. Un mundo en el que pasarían desapercibidos. 

domingo, 7 de julio de 2019

Adiós, vieja amiga

Ayer me despedí de ella. Durante siete años y medio compartimos techo, lumbre, rutinas. Todas las mañanas, a las ocho, la despertaba. Después, durante los cuatro años siguientes no dejamos de compartir paseos, juegos, confidencias. Había pasado dos noches angustiosas, no podía respirar y no era por la calima y la densa humedad nocturna de esta semana. Tenía metástasis pulmonar. Ayer, como tantos días, crucé la calle hasta mi antigua casa, desayunamos juntos, jugamos un rato: la engañosa brisa de la mañana hacía que pareciera un día normal. Pero no lo era. A las diez y media una inyección la durmió lentamente, en pocos minutos cesó el latido. No habíamos cedido a la tentación comprensible de pensar que esos juegos de una hora antes obligaban a prolongar las horas de sufrimiento que se avecinaban. Era mejor así, dolorosamente mejor.

Afortunadamente Hipócrates no era veterinario, y no existe un juramento que justifique lo injustificable. Afortunadamente Dios está hecho a imagen y semejanza nuestra, y no existe una doctrina que dictamine sobre el momento de la vida y de la muerte si no es la de un miembro de nuestra especie. Brahma no lo era. Era solo una perra. Afortunadamente. Pero si realmente Dios existe, preferiría que hubiera sido creado a imagen y semejanza de los perros. Me daría mucha tranquilidad saberlo.


domingo, 23 de junio de 2019

Cuando todo es nuevo

Nunca me interesó el grunge. Tengo el "Nevermind" de Nirvana, porque había que tenerlo, pero apenas lo escucho. Como de Pearl Jam no había que tener ninguno, no tengo. No conozco ninguna de sus canciones. Pero un día, años atrás, vi a Eddie Vedder cantar con los ojos cerrados "Masters of War" en el homenaje al Maestro. Me sobrecogió. Cualquiera habría indagado en Pearl Jam a partir de ese momento revelador. Yo no. Algo me decía que no podía arriesgarme a romper la magia de ese encuentro fortuito. Anoche, durante dos horas y media, Eddie Vedder me estremeció en Madrid. Y todas las canciones sonaban en mis oídos por primera vez: esa sensación inigualable de descubrir un mundo nuevo de canciones, como cuando siendo adolescente ponía en el plato un disco que hasta entonces nunca había escuchado.
Fotografía de Javier Naranjo.
Madrid, 22 junio, 2019

miércoles, 13 de marzo de 2019

Todo lo que voy dejando atrás

Cumplir años es una cosa seria. Significa dejar cosas atrás. La vida es un incesante dejar atrás, un incesante abrir una nueva página. Bienvenido sea cada año más, cada día más.

ASH. All that I have left. Visorfest 2018. Benidorm.

Si no puedes ver el video pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=zVe78RNtytY&feature=youtu.be

sábado, 2 de marzo de 2019

Fogonazos de impermanencia

Alguna vez aquí hubo risas, suspiros, llantos, esperanzas, soles de domingo y pucheros al fuego.


miércoles, 13 de febrero de 2019

¿Quién salvó a Wilko Johnson?

Si no puedes ver el video pincha el enlace
 https://www.youtube.com/watch?v=CwLh02rSUn0&feature=youtu.be

A veces tengo un mal día. Sí, no importa cuánto relativices los pesares y las dificultades, cuánto hayas asumido que el contento interior te puede hacer invulnerable: a veces tienes un mal día. Cuando eso sucede saco un disco de su funda (suele ser "Hard Rain") y me digo: Dylan siempre me salva. Esto no tiene mucho sentido, sabiendo como sabemos que el de Minnesota piensa en él y no en nosotros cuando escribe sus canciones. Pero me consta que en las turbulencias no soy el único que se aferra a ellas. 

O no solo a esas. Tengo dos libros sobre mi mesa estos días. Uno tiene un título tan dramático como entrañable ("No olvides las canciones que te salvaron la vida"); y  el otro ("1.050 discos cardinales") lo firma alguien que afirma que la música - comprarla y escucharla - le salvó la vida. ¿Es realmente salvífica la música? ¿O somos nosotros, los que nos zambullimos en ella, los que con ese acto ritual nos salvamos a nosotros mismos?

En esas cuestiones andaba yo, cuando cogí un tren a Madrid para ir a ver a Wilko Johnson. La historia es conocida: hace seis años los médicos lo desahuciaron, y él se fue de gira, la que iba a ser la última. Le habían dado diez meses de vida y cuando terminaron los conciertos ya habían pasado once, así que pensó que todavía podía grabar un disco de despedida. Lo hizo y solo después entró en el hospital. ¿Le salvaron los cirujanos en esa descomunal intervención que se alargó once horas? ¿Se había salvado ya previamente él al preferir la música a la quimioterapia? ¿Le salvó la música, la energía misteriosa que emanaba de esas canciones?

miércoles, 9 de enero de 2019

Inmortal

Space Oddity, The Flaming Lips, VisorFest 2018, Benidorm
(Imagen de Juan J. Vicedo, pincha sobre ella para ampliarla)


El Mayor Tom perdió el contacto, perdió el control. Aislado en su burbuja parecía inalcanzable, camino de las estrellas. Pero en realidad está ahí, casi puedes tocar su mano. Nunca se fue. El Mayor Tom es inmortal. David Bowie es inmortal. The Flaming Lips son una de tantas puertas, uno de tantos caminos en los que él se nos aparece.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Bajo el signo de Sagitario


Mi padre nació un 23 de noviembre y falleció, setenta años después, un 14 de diciembre; dos fechas, el alfa y el omega, gobernadas por el signo de Sagitario. Recuerdo el viaje por la carretera vacía la noche antes, oyendo a Charlie Parker, los pasillos oscuros y desiertos del hospital, aquel cuartucho deprimente donde nos dieron la noticia. El General de Alicante, donde murió, se levanta sobre terrenos que fueron del bisabuelo Eliseo y allí estaba el huerto en el que mi padre pasó su infancia. El círculo de su vida se cerró, pues, en el mismo lugar en el que había empezado, quizá un día igual de luminoso que aquel viernes en que, creo saber, volvió a casa.

Poco antes de que perdiera la conciencia le susurré al oído: Vas a un lugar maravilloso. Realmente yo no sabía a dónde iba, y sigo sin saberlo. En cuanto a sus cenizas, las saqué de la urna y las enterré con mis propias manos al pie de un pomelo, y las lluvias y los riegos se las debieron llevar hace muchos años. Tampoco el árbol existe ya. Pero algo de mi padre perdura en mí y de algún modo lo hará también en mi hija, y eso es más que suficiente. Y uno tras otro volveremos al mar del que vinimos.

miércoles, 20 de junio de 2018

Hogueras


En plena efervescencia adolescente escribí un poema una noche de Hogueras, en algún papel, en algún lugar. Se perdió como tantos otros pero recuerdo un verso -sólo ése- en el que, nadie me pregunte por qué (eso precisamente es la poesía) veía la ciudad en fiestas como una inmensa vaca coloreada. 

Hace ya mucho, casi desde que dejé ese estado exultante que es la adolescencia, la fiesta de Hogueras me produce más fastidio que otra cosa con su ocupación ilimitada de las calles que no resistiría la prueba del algodón del imperativo categórico kantiano. Pero sin embargo algo queda, tal vez esa imagen falseada por la nostalgia de esos mitificados años setenta en que fuimos jóvenes contra todo y a favor de todo y creímos que formábamos parte de un cambio, el cambio.

Por eso cuando llega la plantà huyo lo más lejos que puedo, pero en la huida miro atrás siempre, y antes de convertirme en sal marina y algas veo noches estrelladas, oigo a Cotó-en-Pel y a Costa Blanca en el Barrio, fumo y bebo y corro la traca con Antonio Soria y Fernando Arenas, veo a su hermano Javier con la badana al cuello, saludándonos justo antes del fogonazo de la palmera. Todos tenemos veinte años todavía y, por un momento, veo la vaca coloreada.

viernes, 2 de febrero de 2018

Poemas de invierno

Últimamente no escribo versos. (Últimamente es un adverbio que te permite modelar el tiempo a tu antojo, abarca años, meses o días, está ahí a mano para que puedas engañarte cuanto creas necesario). Últimamente, decía, no escribo versos. 
Pero si los escribiera hay momentos que solo admiten poemas de invierno.


sábado, 6 de enero de 2018

Día de Reyes

No es posible recordar la infancia sin revivir el Día de Reyes. Desde que empecé a ir al colegio, y ante la refinada crueldad que llevaba consigo hacer llegar a un niño los juguetes justo el día antes de terminar las vacaciones, mis padres adoptaron la sabia decisión de trasladar el acontecimiento al día de Navidad. Pero eso sí, seguían siendo los Reyes Magos: la tradición española revestida del mínimo pero necesario cambio. De modo que la Nochebuena fue, a partir de ese momento, una noche más feliz si cabe. La cena, en casa de mis abuelos paternos – o sea, en el piso de abajo – terminaba a una hora temprana, y mi hermano y yo nos dormíamos pensando ya en despertarnos y correr al salón. No pocas veces creíamos oír el paso de los camellos por la calle, y cualquier pequeño ruido en la casa nos hacía sospechar que quizá los reyes o los pajes estaban ya cumpliendo con su cometido. A la mañana siguiente, el salón estaba lleno de paquetes y, todavía en pijama, buscábamos cada uno los nuestros. Nunca nos dimos cuenta de que la esmerada caligrafía de las etiquetas era muy parecida a la letra de nuestro padre.      

Andaba yo por los seis o siete años, cuando escribí una carta a los Reyes que abarcaba una lista demasiado larga de peticiones, y mi padre me explicó lo inevitable: que esos juguetes los tenía que comprar él. No sufrí, que yo recuerde, trauma alguno, y me parece que más que una desilusión fue un simple recorte en las expectativas de ese año. Como mi hermano no estaba en edad de saberlo, seguimos jugando el juego, e incluso cuando él también fue llamado a la realidad nos divertía proceder según el mismo ritual de los años precedentes. Mi padre añadía algún toque de humor, como firmar las notas con los nombres “Melchor, Gaspar y Papasar”.

Tíovivo de la Plaza Séneca, Alicante, 2018

jueves, 30 de noviembre de 2017

De abogados y estanqueros

A veces alguien me pregunta cómo puede haber abogados que defiendan a violadores, asesinos, etcétera. En esos casos intento explicar todo aquello que a su vez me explicaron acerca de la presunción de inocencia (aunque todos los indicios lleven a la culpabilidad), el derecho a ser defendido en un juicio justo, etcétera otra vez. Últimamente, si quien me lo pregunta es fumador, le explico que esos abogados penalistas tienen tanto derecho a existir como los estanqueros que venden cigarrillos a pesar de que son conscientes de todas esas horribles advertencias que se insertan en la cajetilla: que el tabaco produce cáncer, muertes por enfermedades coronarias, etcétera por tercera vez.

A veces sin embargo imagino un karma y un infierno en el que todos ellos, abogados penalistas y estanqueros, se reunirán, y allí los letrados ofrecerán sus servicios a los estanqueros para intentar conseguirles una reducción de condena, servicios que los estanqueros querrán pagar con cigarrillos pero los abogados rehusarán, en parte por un tenebroso código ético y en parte porque están habituados al cobro en efectivo. En otra variante de ese infierno serán los abogados los que imploren ser pagados con cigarrillos pero a los estanqueros les habrá sido confiscada la mercancía por implacables guardianes.


sábado, 19 de agosto de 2017

Sol de medianoche en Ytra - Lón

A esas horas todos los barcos duermen en el puerto de Thórhöfn. Pero el sol no se pondrá. Lo veremos en su lento descenso hasta la línea horizontal en los pastos de Ytra - Lón, la granja donde nos alojamos, y el frío se apoderará de nosotros. Estamos muy cerca del paralelo 66, tan cerca que los contornos difusos del disco solar hacen que no llegue a ocultarse en este día que precede al solsticio. En ese momento mágico la luz baña los campos con un fogonazo rojizo y las siluetas de los caballos emergen como figuras de un sueño que no hemos terminado de soñar. Una pareja de gansos ha levantado el vuelo. La hierba brilla. Las paredes blancas de la granja deslumbran al mirarlas. Son las doce, el cambio de guardia, suena Dylan en mi mente. Nada queda por decir, nada por sentir, nada por hacer, la circunferencia del tiempo lleva nuestros pasos hasta la habitación número 8, la más cercana al río.

(Diarios de viaje. Juan J. Vicedo)

Ytra - Lón, Islandia. 19 junio, 2017

Si no puedes ver las fotos pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=tlxDBlcEHBg&feature=youtu.be

sábado, 22 de abril de 2017

Piedrasantas









Corría el año 1917 y Manolete, el molinero, volvió con bien del servicio militar en Marruecos. No era cosa de broma, que allí, en el África española, las balas silbaban sobre las gorras de los soldados, y su prometida, Clarilla, cumplió con la promesa de dedicar una misa a la Virgen de Piedrasantas. Aquel día Manolete y los mozos de su quinta sacaron de la ermita a la Virgen y la llevaron en procesión por el camino que lleva al Cercado de Cristo, y desde entonces y hasta hoy "la función de los soldados" se ha seguido celebrando en Pedroche, mezcla de devoción religiosa, tradición sentida y rito de iniciación para los jóvenes del pueblo, incluso en estos tiempos en que las "quintas" son solo una palabra vacía de contenido y la milicia algo que ya no toca a la puerta de cada familia pidiendo a sus hijos.

El Lunes de Pascua de este año se ha cumplido el centenario de esta tradición que, emparentada con los ejércitos, no celebra una victoria ni una derrota sino el hecho puro y simple de estar vivos. Es primavera y el sol ilumina los encinares del norte de Córdoba, de estas antiguas tierras de realengo que se libraron del moro hace tantos siglos que nada aquí les recuerda, donde las campanas doblan todavía a sus horas y el cerdo ibérico campa a sus anchas en las dehesas. Los campos están rojos de amapolas y al pie de los chaparros se prodigan las esparragueras







miércoles, 1 de marzo de 2017

La música de las esferas

Yo tenía 26 años y él 31 cuando en el Bar Bahía, de la Albufereta, me enseñó a descubrir en las tangentes y en las secantes la magia sutil que divide los átomos de la tarde sobre un tapete verde, el movimiento predecible de los sucesos de los próximos seis segundos, la compatible armonía del momento explosivo y la lentitud de los objetos que se desplazan danzando, girando, deteniéndose. Javier me enseñó la proximidad trivial del universo de Pitágoras un sábado a las ocho, me hizo escuchar en una mesa de billar la música de las esferas. 

In memoriam Javier Amigo
 (Granada, 06.11.1955 - Alicante, 28.02.2017)


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Otra Navidad

Puedes estar rodeado de gente y sentirte solo. Puedes estar solo y sentirte parte de todo.

 Hay una Navidad para los solitarios, y se parece a una bolsa de plástico de colores en la que hay vacío y hay ruido, a un millón de luces en una calle perdida, donde nadie conoce el nombre de las cosas y nadie escucha los pasos en la acera.

 El torbellino de diciembre arrastra los días, destellando y zarandeándose y desapareciendo a lo lejos, mientras en cada esquina alguien canta un villancico, palabras misteriosas que nunca conseguiste entender.
 Y no es cierto que nieve en esta ciudad portuaria.

 Así que si tus labios están helados pero notas blando tu corazón, ya sabes, otra vez es Navidad: mira en tu interior, encuentra una razón para sonreír y perdonar y amar a los demás. No importa que no sea real, mañana estarás de nuevo esperando la luz verde del semáforo.

Puedes pensar que la Navidad no existe y puedes pensar que todos los días son Navidad.




lunes, 12 de diciembre de 2016

La canción de un poeta...

Heard the song of a poet who died in the gutter

A los catorce años escribí mis primeros versos.
No me movió a ello ninguno de los muchos poetas españoles o de habla hispana, a algunos de los cuales ya había leído y disfrutado, sino la lectura de una canción, una en concreto, en las últimas páginas del libro de Jesús Ordovás sobre Bob Dylan. Allí, con su traducción al lado, estaba "A hard rain's a-gonna fall", y la avalancha de imágenes me deslumbró de tal modo que quise hacer lo mismo. Es decir, algo parecido. Imitarlo, en otras palabras. Yo no sabía cantar, ni nunca he sabido -algunos herejes dicen que él tampoco-, y mucho menos tocar la guitarra, pero eso no me importaba esta vez, porque se trataba de escribir versos y para eso me veía capaz. Vistas así las cosas, y aunque después vinieran otros y se ampliaran las influencias, mi primer modelo literario consciente fue Bob Dylan, y mi primera pauta un texto en el que se menciona que los poetas escriben...canciones.

Tardé varias décadas en encontrar mi propia voz, un estilo que no tuviera deudas imposibles de saldar. He escrito algunas cosas desde aquella primera cuartilla en una libreta del colegio, pero solo he publicado dos: "Escuchando a Dylan", en el año 2013 , y "Patti Smith. Caballos para la eternidad", en el 2015. El sábado pasado, cuando ella cantó la canción de él en Estocolmo, todas las piezas se juntaron de repente, y volví a aquel lejano momento en que empezó todo. En unos minutos mágicos se fundieron en el caleidoscopio Dylan, Patti, la lluvia que iba a caer, las primeras líneas que me atreví a escribir entonces, las que no menos osadamente he escrito estos últimos años.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Atemporal

Tomé esta fotografía el sábado pasado. O el siglo pasado, no recuerdo bien. Está fuera del tiempo. 
Quizá esa imagen estaba allí antes de que yo naciera. 

La Vila. Septembre, 2016.



sábado, 17 de septiembre de 2016

Harvest Moon

Una mañana te levantas y la luna todavía no se ha ido. Sucede muchas veces, en algunas te das cuenta y en otras no. Pero no siempre es la luna de la cosecha, ésa que pinta en el cielo el final del verano.


jueves, 1 de septiembre de 2016

Pasarán los años y dirás: yo estuve allí

Frías, El último vals. 1-3 julio, 2016.

Echados sobre la hierba, viendo un águila planear en lo alto, el vaso de cerveza a tu lado, el humo ascendiendo, los sueños de Copérnico dibujando melodías antes de hora. Nos dijimos algo, encendimos una sonrisa, y sin darnos cuenta empezaron a aparecer miles de estrellas, una a una y después a cientos: el crepúsculo se desvanecía, la música había empezado.

Probamos la magia en la noche oscura y fría, alzamos el espíritu, vivimos nuestras vidas fuera del tiempo, encontramos las razones para estar allí, y amábamos el amor y los músicos hacían que sonara alto. Cada momento que estaba por venir iba a brillar. Nos abrazábamos a las canciones porque no durarían.


jueves, 9 de junio de 2016

Emoción púrpura

Algo escrito por un tipo de Minneapolis, entregado por otro de Nashville, Tennessee, nos emociona a todos en Molina de Segura, Murcia. No importa si tus raíces están en Alicante, en Petrer, en Villena o en el valle de los Pedroches. La emoción púrpura es una y es la misma para todos.

Molina de Segura, 8 junio, 2016
Si no puedes ver el video, pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=QJGTSImuG40

domingo, 5 de junio de 2016

Siesta

El verano se insinúa en la primera semana de junio. 
La luz todavía suave. Un perezoso y dulce abandonarse. 



viernes, 27 de mayo de 2016

Thunder Road

Éramos jóvenes y ya la buscábamos, seguimos siendo de otra manera jóvenes porque hemos seguido buscándola, siempre, la Tierra Prometida,  y ahora al final del camino o en el propio camino, cuando ya no buscábamos, la hemos encontrado. 

Oh come, take my hand.

(Madrid, 21 mayo, 2016)

Si no puedes ver el video, pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=mv1yCvNxR04&feature=youtu.be

domingo, 24 de abril de 2016

Poetas en Cercanías

Cuando éramos adolescentes nuestros versos se encontraron en las páginas de Cabaret, la revista literaria de nuestro colegio, bendita aventura aquélla. Después los poemas de Luis Cremades volaron solos. Ayer, tantos años después, nos reencontramos, y en su voz rota habitaba todavía ese paisaje de juventud.


viernes, 22 de abril de 2016

Sympathy for the Devil

El martes 12 de abril celebramos en la antigua fábrica de cervezas Damm los cinco años de la editorial 66 rpm edicions, ésa con la que mis caballos de Patti Smith corren por la eternidad. Una fiesta en la que música y literatura se confundieron, porque Alfred "Coco" Crespo y May González han apostado por ello, por que los discos se lean y los libros se escuchen. Una buena manera de definir lo que hacen y lo que cada uno de nosotros hacemos con ellos. Pero igual de buena es esa otra que constituye su lema, la frase de Keith Richards "Si se acaba la diversión, lo dejamos". O, como me escribió Coco: "Juanjo, amigo, no ganaremos pasta pero lo pasamos de muerte". Amén a todo eso.
Acabamos la noche cantando "Sympathy for the Devil", justo cuando Coco me hizo esa seña para que subiera al escenario. Antes hubo música, mucha música. 
Ahí está una muestra: Xarim Aresté, Josele Santiago (Los Enemigos), Egon Soda, León Benavente.

Josele Santiago. Carlos Zanón. Alfred "Coco" Crespo. Senén Armengol.

Si no puedes ver el video pincha aquí https://www.youtube.com/watch?v=1H7_1tYEoCY
Si no puedes ver el video pincha aquí https://www.youtube.com/watch?v=umYYghI_oos

Si no puedes ver el video pincha aquí https://www.youtube.com/watch?v=-jfE2Rw5s0Y
Si no puedes ver el video pincha aquí Si no puedes ver el video pincha aquí

viernes, 25 de marzo de 2016

Viernes Santo

Con la luna de anoche todavía en el recuerdo, esa primera luna llena de primavera que ritualmente marca año tras año el inicio de la Semana Santa, inicio la subida desde Mutxamel a Sant Vicent del Raspeig, que no es subir al Gólgota ni de lejos, pero deja sentir las cuestas del camino en las piernas. Hago mis estaciones, caóticamente, y mi Cirineo es una botella de agua osmotizada.
José hace ya años que no alquila sillas ni mesas, el desorden de la parcela le delata, y el número de teléfono que no empieza por 96 también. Tal vez José, que tiene nombre de carpintero de Galilea, se haya ido a ese lugar que está en todas partes y que se llama "Ansiedad".
La ansiedad es una región del mundo superpoblada y también es un desierto en el que esa palabra aparece en un cartel sobre una valla de aluminio. Esta vez el número de teléfono es posible y promete la cura. A cambio de no sabemos cuánto, la hipnosis representa la solución, pero ¿podríamos decir que no vivimos hipnotizados ya? Quizá tu realidad sea Matrix y no lo que piensas que es.
En cualquier caso, te lo advierten: los malos existen, aprende a defenderte de ellos. O no. Jesús no lo hizo y eran muy malos. Bebió esa amarga copa. Pudo y no quiso. ¿Por qué? Seguro que esa pregunta te la hiciste al menos una vez en tu vida. Puede incluso que te la sigas haciendo. 
La respuesta te la ofrecen en cualquier esquina en la que haya una parroquia, y también en mitad de este páramo de la mañana del viernes más santo del año hay una promesa. "Dios te ama". Pero todo indica que sólo los domingos once horas, o a las once horas del domingo. No está claro. Y ya lo he dicho: hoy es viernes.
El Maigmó en el horizonte me señala el camino por la partida de Torregroses. Al volver a casa, en algún momento de este día me sentaré frente a la pantalla y veré "Jesuschrist Superstar" y, una vez más, simpatizaré con ese Poncio Pilatos que, incapaz de comprender, lava sus manos frente al Cristo. Me fascinan esos personajes que cumplen un papel desagradecido y antipático pero sin los cuales la misión del héroe no puede llevarse a cabo. Pilatos, el Profesor Snape... Quizá el Viernes Santo sea su día y no lo sepamos.