Cumplir 59 años me pareció entonces un momento interesante en mi vida. Era la despedida de la cincuentena. Pero se convirtió en el adiós al futuro: ese mismo día ya se sospechaba que algo iba a suceder, y en los supermercados se vaciaban las estanterías. Hace ya doce meses de eso, de la abdicación de todo plan, de la renuncia a imaginar el mañana, de la cercanía de la soledad, la enfermedad o la muerte. Un año en el que las fronteras se me movieron desde los Pirineos a la Aitana y, durante meses, a la muchamelera colina del Calvari. A veces la frontera era mi propia alma. ¿Quién me ha robado el mes de abril?, cantaba Sabina. Si solo hubiera sido abril... Un amigo me dijo hace poco que tenía la sensación de que nos había sido robado un año entero. Una deidad maligna, los gobiernos, los chinos... da igual, no es necesario buscar culpables, nos falta un año. Voy a entrar ya en los sesenta, una cifra que en mi niñez identificaba yo con la ancianidad. Los Beatles también creían que a partir de esa edad la vida era otra: when I get older, losing my hair. Hoy miro atrás, a este año robado, busco algo en él que quiera recordar y me veo como Woody Allen recitando ante un magnetófono mis razones: el ruido de la llave cuando ella llegaba a casa, el libro que escribí mojando cada frase en el vaso de whisky, la voz de mis amigos al teléfono lejos de mí y tan cerca, un ramo de novia con flores cogidas del jardín una noche sin luna, la última cerveza junto a un hombre bueno. Mientras esas cosas sucedían y otras dejaban de suceder, el mundo siguió girando y desde mi ventana cada atardecer era diferente.
bienvenido a la última puerta, más allá solo hay silencio
viernes, 12 de marzo de 2021
viernes, 12 de febrero de 2021
¿Hay vida en Marte?
Sexto día. Manos de cera, blancas como las de Nosferatu. No importa: no tengo fiebre, respiro bien. Ayer sentí como si me hubiera caído por la escalera, rebotando de espaldas en cada escalón, dieciséis escalones. En realidad me estaba lavando los dientes, pero me dolió igual, durante horas. Estoy bien, duermo bien, y respiro y no tengo fiebre. Se acerca el séptimo día, la frontera de lo desconocido. Leo para tener la mente puesta lejos de mí, para no interrogarme sobre cada síntoma nuevo del carrusel caótico en el que vivo. Miguel López, el poder de las preguntas. Berlanga, el último austrohúngaro. Rosa está en otra habitación de la casa, hablamos por teléfono, a veces la llamo para leerle un párrafo que me ha gustado. Me dice que ha perdido el gusto, solo distingue el sabor de las aceitunas. Sangre andaluza.
Décimo día. Estamos fuera de peligro, pero no puedo ordenar una estantería sin sentir que me falta el aire. No importa: hemos cruzado la frontera. Dentro de unos días, o unas semanas, o un mes, volveremos a ser como antes, a sentir como sentíamos, a fatigarnos solo cuando queramos. Eso dicen. Nadie sabe nada. No saben cómo protegernos, no saben cómo curarnos, a veces tampoco saben cómo salvarnos de la muerte. No hay garantías, solo estadísticas. Contra esta enfermedad luchas en solitario, a veces también en soledad, esperando el desenlace de la batalla. Imaginas al enemigo explorando todo tu cuerpo: ese dolor de cabeza persistente es él, esos pinchazos en las piernas son él, ese dolor repentino en las yemas de los dedos también, esa náusea inesperada es él explorándote, la temida tos te dice que él está ahí. Imaginas esas partículas diminutas que no aciertas a definir pero que son parte de ti y le están cerrando las puertas, una tras una, y te dices que todo va bien. Pero solo sabes que no va mal.
Nadie sabe nada, y no sirve de nada preguntar a los murciélagos si es verdad que fueron ellos. No contestarán. Hemos fracasado, en su estatura gigantesca el ser humano se hunde en la ciénaga de su ignorancia. En diciembre de 2019 estábamos orgullosos del último avance tecnológico, de la sofisticada arquitectura del último microchip, y un virus de ridícula apariencia, una pelotita con brazos, se burla de nosotros desde entonces y nadie sabe cómo pararlo. Somos capaces de llegar a Marte, pero nunca resolveremos si hay vida allí. Miro por la ventana esta mañana, veo la niebla. Sé que detrás hay vida. Lo anoto en mi cuaderno de certezas.
sábado, 30 de enero de 2021
¿Habéis bailado alguna vez esta canción?
Gabi murió hace ya tiempo. De los demás, de Bruno, César, Pepe y Pedro, no sé casi nada. De algunos, nada. Teníamos quince años, una edad en la que el horizonte siempre es azul y despejado, aunque solo hasta ciertas horas: por la noche había que volver a casa, aunque la ciudad entera estuviera en fiestas. Quince años, entonces, significaba estar todavía a seis de distancia de la mayoría de edad, pero el curso había acabado y teníamos todo el día libre. No sé cómo ni por qué pero aquella tarde de Hogueras la pasamos en una cochera vacía de alguna calle que no recuerdo en el barrio de El Pla, la persiana a medio bajar, las bombillas a medio encender. Había chicas, aunque no sé sus nombres, creo que nunca las volví a ver. Esas muchachas vestidas de verano eran quienes daban su verdadero sentido a la tarde. Sin su presencia nada hubiera sido igual, no podría haberlo sido. Solo porque ellas estaban con nosotros la oscuridad temblaba, levemente intuíamos posibilidades apenas imaginadas. La tibia atmósfera de aquel encierro voluntario tenía el aroma de la libertad. Oíamos las voces del exterior, algún que otro petardo, los coches que de vez en cuando pasaban por la calle estrecha y poco transitada, y sobre todo nuestra música, la que nos hacía sentir protagonistas de algo todavía por definir.
La música y el humo del tabaco negro lo envolvían todo y las bebidas que preparábamos como alquimistas tenían nombres, vaca verde o lumumba, que nos evocaban elixires clandestinos. Habíamos llevado un tocadiscos, unos bafles, y un puñado de elepés, los que nos gustaban. Era el verano de "I love to love" y de "Sabato Pomeriggio", de canciones con las que habríamos podido bailar, pero no las teníamos, y en el garaje, mientras estábamos inmersos en un ritual tan trivial como fascinante, sonaban Grand Funk, Lou Reed, y también Billy Cobham, su disco "Spectrum": a todos nos gustaba mucho "Red Baron". Con las primeras notas de "Europa", de Santana, alguien tomó por la cintura a una de las chicas. Era la señal, pero no podía durar mucho, la canción se iba por otros derroteros en menos de tres minutos. Bailar pegados no era así, y Sergio Dalma ni siquiera existía. Creo que fue Gabi quien tuvo la intuición: había una canción en uno de aquellos discos, lenta en su cadencia, oscura en su caricia, perversa en su delicioso dejarse ir. Una canción que no debía haber estado en ese disco, pero acabó en él porque la censura del régimen eliminó otra, "Heroin". Era lo que necesitábamos. Esa tarde sonó varias veces y con cada una de ellas se formaron parejas que se deshicieron al terminar, conexiones furtivas y efímeras de su melodía cómplice. Lou y sus amigos paseaban por el lado salvaje mientras nosotros entrábamos por la gloriosa puerta de la adolescencia.
Unas horas después bajamos hasta la playa. Hoy vislumbro desde otro siglo el rostro de la chica cuyo nombre borró el tiempo, su camiseta a rayas azules y blancas, su cabello ondeando en la noche, rescato la fragancia de su colonia. Por la megafonía de los autos de choque de El Cocó se oía, entonces sí, a Tina Charles.
martes, 12 de enero de 2021
Yo que creí que la luz era mía
lunes, 28 de diciembre de 2020
A propósito de Henry Purcell
sábado, 19 de diciembre de 2020
Y nosotros nos iremos...
Otro año más, la navidad. Conscientemente escribo la palabra con minúsculas, de la misma manera que escribiría “invierno”. La navidad es eso para mí, una breve estación del año, en la que el clima se mide por el calor o el frío del corazón. Recuerdo navidades tempranas y cálidas en las que he puesto el árbol el día de San Nicolás, 6 de diciembre, y otras tardías y heladas en que a regañadientes lo he hecho la misma mañana del 24, fun fun fun. Estas dos semanas son un termómetro de mí mismo y de mi relación con el mundo. Y el tiempo corre.
Me veo con siete años en casa de mi bisabuela, escuchando por primera vez ese villancico: “la nochebuena se viene / la nochebuena se va / y nosotros nos iremos / y no volveremos más”. La bisabuela Ana había nacido en otro siglo, el diecinueve, y para ella la hoja roja de Delibes no tardaría en aparecer. Está escrito en el Heike Monogatari que en el tañido de la campana del monasterio de Gion resuena la fugacidad de todas las cosas. En aquella lejana tarde de 1968 tal vez escuché yo ese sonido. Campana sobre campana, dice otro villancico. Puede ser. Cada navidad es una arruga más en mi piel, un círculo nuevo en el tronco de un árbol, alguien que ya no está, alguien que antes no estaba.
Desde hace algunos años la navidad es también escuchar la voz ronca de Dylan cantando “Adeste fideles”, y saber que esa romántica fantasía de los pastorcillos y el pesebre es un episodio en el que no hay ningún dios, que los reyes magos somos nosotros en un viejo sueño y papá noel un señor disfrazado que suspira por un trago al terminar la jornada. Lo único cierto es que la navidad se irá y volverá, y que nosotros nos iremos un día para no volver.
A veces estoy tan cansado de este
ciclo cuyo final desconozco que retraso su inicio, y no compro el tiesto de flores
de pascua ni saco a los duendecillos de su caja, y los días pasan. Pero una
tarde cualquiera pienso en lo luminoso que será el primer amanecer de enero y entonces
todo empieza de nuevo, como el año anterior y el otro y el otro, y el árbol se
llena de esferas blancas y rojas. La navidad es también eso, un estado de ánimo,
todos los estados de ánimo.
domingo, 1 de noviembre de 2020
Qué solos se quedan los muertos
No sé si he dicho alguna vez que John Wayne es mi actor favorito, pero lo es. En "She wore a yellow ribbon" (aquí titulada, qué horror, "La legión invencible") el capitán Brittles, que es su personaje, tiene la costumbre de ir al pequeño cementerio del fuerte para conversar con su difunta esposa y regar las flores de su tumba. Yo también tenía el hábito de, en tiempos de zozobra, charlar con mi padre, al menos mientras existió el pomelo a cuyo pie estaba enterrado. Necesitamos sucumbir a ese impulso romántico para no hablar con ellos en cualquier lugar, ya sea la cocina de casa, el ascensor del trabajo o la parada del autobús. Nos mirarían con desconfianza si lo hiciéramos, y es posible que alguien avisara a la policía.
Hoy es el día en que los cementerios rebosan de flores. "Voy a visitar a la familia", decía mi suegra de entonces. Ahora nadie la visita a ella, sus cenizas volaron por la sierra de Enguera. Nunca he entendido este ritual del primer día de noviembre. Los budistas tibetanos, con los que compartí andadura durante dos años hace ahora una década, llaman al cuerpo "lo demás", en contraposición al espíritu. En nuestra cultura también: le llamamos "los restos" pero solo cuando morimos, los restos mortales. Y no deja de ser una paradoja pensar que los seres queridos están allí donde un día los sepultaron y no en el Cielo en el que creen muchos de los que cumplen con el rito anual.
Por mi parte si alguien quiere recordarme cuando me haya ido, incluso hablarme sin esperar respuesta, que me busque en los atardeceres o en las noches estrelladas. Que mis cenizas se dispersen en la Aitana, en el antiguo campamento más allá de la Font del Molí. Ya que puedo elegir, en esa tierra fui feliz en los veranos de mi infancia, y lo sigo siendo siempre que vuelvo. No estaré allí, porque los muertos no están en ningún lugar, pero si subís a visitarme os aseguro que disfrutaréis del paisaje.
domingo, 4 de octubre de 2020
El vendedor de enciclopedias
Era un hombre bueno, en el sentido machadiano. Cuando yo era niño él vendía enciclopedias. Entonces no lo conocí, pero es posible que mi padre sí, porque en casa teníamos una de las que él vendía. Dicen que nunca se enfadó con nadie y aunque eso resulta difícil de creer estoy convencido de que es verdad. Le conocí hace solo cinco años, y unos meses después tomé café con él y le dije que su hija y yo nos íbamos a vivir juntos. "No te voy a explicar lo que es la convivencia, eso ya lo sabes, pero te voy a dar un consejo: comunicación", dijo y terminamos el café. Hoy se ha ido, no sé a dónde. Borges citaba a Malherbe: he vivido como todos, quiero morir como todos, quiero ir donde van todos. Pepe no era escéptico, era cordobés, que es otra corriente de pensamiento. Creo que él creía en el Paraíso, y eso es una ventaja. Se ha marchado pronto, de madrugada, para no llegar tarde a misa. Supongo que estará en algún lugar soleado, paseando sin mascarilla, y que allí el Madrid gana siempre, aunque juegue mal. No me importará acompañarte un día, Pepe, si hubiera gamba roja.
domingo, 20 de septiembre de 2020
No cojas las acerollas
miércoles, 2 de septiembre de 2020
Luz de luna en sus ojos
Into your eyes where the moonlight swims
Buda tenía esa mirada lejana que te hacía pensar que estaba viendo cosas que tú no veías. Su alma habitaba en un territorio desconocido, su mundo decididamente no era el mismo que el tuyo, pisaba un suelo que tú no alcanzabas a definir, un sendero en el que sus huellas nunca se borraban. Acompañó a su ama en sus valles y en sus cimas, en sus momentos difíciles y en los más luminosos. En todo este tiempo, más de doce años, nunca llegué a comprenderla del todo. Me fui de aquella casa un día, y ella se quedó, con su misterio indescifrable, al otro lado de la calle.
Este último mes de junio su ama quedó aislada por la enfermedad y ella volvió conmigo. Nada había cambiado, su mirada impenetrable te hacía dudar de tus razones estériles, de por qué nuestras pequeñas miserias humanas eran lo real y su horizonte incógnito sin embargo no era tangible, por qué habíamos sido arrojados a esta existencia turbulenta y apasionada, por qué no éramos como ella, por qué seguíamos anclados a ambiciones y sinsabores artificiales. A veces Buda volvía hacia ti sus ojos y parecía compadecerte. Hoy se ha ido para siempre, a las once y media de la mañana, y yo, no sé por qué, he tenido el impulso de escuchar "Sad-Eyed Lady of the Lowlands".
domingo, 26 de abril de 2020
Imagina un mundo sin miedo
miércoles, 8 de abril de 2020
"Héroes"
La cajera del supermercado dio preferencia en la cola al muchacho vestido con un traje naranja, una deferencia con un héroe. Ella, la cajera, también lo es. Una mujer protestó, venía de una intensa mañana en la UCI, dijo. Esa mujer también es una heroína. La farmacéutica del barrio no dijo nada y esperó su turno. No está segura de ser una heroína, aunque todas las tardes su jefe la hace salir a las ocho a recibir el aplauso de los balcones. Ayer en un informativo sumaron a los basureros a la lista de héroes.
En la Mitología de Humbert, que mi abuelo Ismael compró en la Librería Pueyo de la calle Arenal en 1928, la categoría de héroe se reservaba para personajes como Hércules. Hoy no es necesario llevar a cabo proezas míticas. Ni siquiera acciones de excepcional valentía. Basta con cumplir con tu trabajo, exponerte al riesgo de esta pandemia sin saber qué naipe te ha reservado el azar: la inmunidad, la enfermedad o la muerte. Las motivaciones no cuentan, hay que hacerlo, sea por vocación, sea porque la alternativa es el desempleo.
Otros estamos confinados en nuestras casas y desde hace semanas la vida sigue igual, aunque menos igual que antes. Gracias a esas gentes sobrevivimos, podemos hacer la compra, retirar nuestras medicinas, tener la esperanza de que si la fiebre hace presa en nosotros alguien nos atenderá. Ellos nos hacen la vida soportable en el encierro porque son nuestros semejantes. No son héroes. Esta sociedad, que ha sustituido los personajes habituales del cine por superhéroes de ficción, necesita héroes para poder imaginar que la vida es una película.
David Bowie entrecomilló el título de su canción más conocida, aunque muchos no se hayan dado cuenta. Ese mismo año The Stranglers asaltaron las listas con su sencillo "No More Heroes". Si no nos damos cuenta de que el valor de las personas está encerrado en ellas mismas y no en palabras desgastadas inútilmente, tal vez sobrevivamos al virus pero no a nuestra propia inmadurez.
miércoles, 25 de marzo de 2020
Regreso al Vals de Frías
VIDEOS COMPLETOS EN https://www.youtube.com/playlist?list=PLeRE1LOi4PRqySl8-lefRNU9hS7wINVdo
lunes, 23 de marzo de 2020
El día más largo
miércoles, 13 de noviembre de 2019
Gracias, Mr. Allen
viernes, 12 de julio de 2019
Oh Yesterday came suddenly
domingo, 7 de julio de 2019
Adiós, vieja amiga
domingo, 23 de junio de 2019
Cuando todo es nuevo
miércoles, 24 de abril de 2019
miércoles, 13 de marzo de 2019
Todo lo que voy dejando atrás
sábado, 2 de marzo de 2019
miércoles, 13 de febrero de 2019
¿Quién salvó a Wilko Johnson?
https://www.youtube.com/watch?v=CwLh02rSUn0&feature=youtu.be
A veces tengo un mal día. Sí, no importa cuánto relativices los pesares y las dificultades, cuánto hayas asumido que el contento interior te puede hacer invulnerable: a veces tienes un mal día. Cuando eso sucede saco un disco de su funda (suele ser "Hard Rain") y me digo: Dylan siempre me salva. Esto no tiene mucho sentido, sabiendo como sabemos que el de Minnesota piensa en él y no en nosotros cuando escribe sus canciones. Pero me consta que en las turbulencias no soy el único que se aferra a ellas.
En esas cuestiones andaba yo, cuando cogí un tren a Madrid para ir a ver a Wilko Johnson. La historia es conocida: hace seis años los médicos lo desahuciaron, y él se fue de gira, la que iba a ser la última. Le habían dado diez meses de vida y cuando terminaron los conciertos ya habían pasado once, así que pensó que todavía podía grabar un disco de despedida. Lo hizo y solo después entró en el hospital. ¿Le salvaron los cirujanos en esa descomunal intervención que se alargó once horas? ¿Se había salvado ya previamente él al preferir la música a la quimioterapia? ¿Le salvó la música, la energía misteriosa que emanaba de esas canciones?
miércoles, 9 de enero de 2019
Inmortal
viernes, 23 de noviembre de 2018
Bajo el signo de Sagitario
Mi padre nació un 23 de noviembre y falleció, setenta años después, un 14 de diciembre; dos fechas, el alfa y el omega, gobernadas por el signo de Sagitario. Recuerdo el viaje por la carretera vacía la noche antes, oyendo a Charlie Parker, los pasillos oscuros y desiertos del hospital, aquel cuartucho deprimente donde nos dieron la noticia. El General de Alicante, donde murió, se levanta sobre terrenos que fueron del bisabuelo Eliseo y allí estaba el huerto en el que mi padre pasó su infancia. El círculo de su vida se cerró, pues, en el mismo lugar en el que había empezado, quizá un día igual de luminoso que aquel viernes en que, creo saber, volvió a casa.
Poco antes de que perdiera la conciencia le susurré al oído: Vas a un lugar maravilloso. Realmente yo no sabía a dónde iba, y sigo sin saberlo. En cuanto a sus cenizas, las saqué de la urna y las enterré con mis propias manos al pie de un pomelo, y las lluvias y los riegos se las debieron llevar hace muchos años. Tampoco el árbol existe ya. Pero algo de mi padre perdura en mí y de algún modo lo hará también en mi hija, y eso es más que suficiente. Y uno tras otro volveremos al mar del que vinimos.
domingo, 19 de agosto de 2018
miércoles, 20 de junio de 2018
Hogueras
viernes, 2 de febrero de 2018
Poemas de invierno
sábado, 6 de enero de 2018
Día de Reyes
jueves, 30 de noviembre de 2017
De abogados y estanqueros
sábado, 19 de agosto de 2017
Sol de medianoche en Ytra - Lón
sábado, 22 de abril de 2017
Piedrasantas

El Lunes de Pascua de este año se ha cumplido el centenario de esta tradición que, emparentada con los ejércitos, no celebra una victoria ni una derrota sino el hecho puro y simple de estar vivos. Es primavera y el sol ilumina los encinares del norte de Córdoba, de estas antiguas tierras de realengo que se libraron del moro hace tantos siglos que nada aquí les recuerda, donde las campanas doblan todavía a sus horas y el cerdo ibérico campa a sus anchas en las dehesas. Los campos están rojos de amapolas y al pie de los chaparros se prodigan las esparragueras


miércoles, 1 de marzo de 2017
La música de las esferas
(Granada, 06.11.1955 - Alicante, 28.02.2017)
miércoles, 28 de diciembre de 2016
Otra Navidad
Puedes pensar que la Navidad no existe y puedes pensar que todos los días son Navidad.














































